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MIRADAS
Una mirada al mundo desde Cuba.

Categoría: Comentarios

07/01/2009 GMT 1

Qué bello es matar, qué justo es morir

miradas @ 21:28

“Entonces Yahvé hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego de parte de Yahvé. Y arrasó aquellas ciudades y toda la redonda con todos los habitantes de las ciudades y la vegetación del suelo. La mujer de Lot miró hacia atrás y se volvió poste de sal”.
Génesis 19, 23-26.

Bombardeo aéreo

La ira de Dios no es solo justa sino bella, y su belleza misma revela y proclama su justicia superior. ¿Cómo no sucumbir ante este extraordinario cuadro de El Bosco pintado por la aviación israelí? Los cuerpos y las casas que hay debajo, ¿no son derribados precisamente por la hermosura de este fogonazo divino, de este deslumbrante surtidor de luz? Los que no mueren, los que resisten, los que maldicen entre las ruinas, ¿no son por eso mismo culpables y reclaman con su supervivencia misma una nueva eyaculación de azufre y fuego?

Los más viejos atavismos religiosos se apoyan en los más modernos medios de destrucción. Más allá o más acá de las manipulaciones y las mentiras, nos inclinamos fascinados ante la brutalidad israelí porque es brutal y procede del cielo; admiramos su fuerza y no su causa, y es precisamente la verticalidad incontestable de esta fuerza la que la inviste de una legitimidad inalcanzable para la razón: pues es al mismo tiempo, y en el mismo molde, estética y teológica. Antes sólo se podía destruir una ciudad si se era Dios; ahora lo pueden hacer también los israelíes. Del cielo caen únicamente bendiciones milagrosas y castigos merecidos. La superioridad tecnológica de los sionistas -su superior desprecio por la vida humana- activa esta legitimación teológica que sus gobernantes explotan conscientemente, hasta el punto de que es la propia tecnoteología bíblica de los ataques aéreos, como única fuente ya de legitimidad, la que les obliga a repetirlos a una escala siempre mayor. Es tan bonito, tan placentero, tan fácil, tan justiciero, reducir a escombros una ciudad y sería tan difícil, tan feo, tan moralmente degradante tratar de defender racionalmente el sionismo... El Dios de la Biblia que destruye desde el aire es tanto más justo y tanto más bello cuanto mayor es su poder de aniquilación. Sus víctimas embellecen Su potencia, justifican Su existencia, homenajean Su misericordia; cuanto más aumenta el número de muertos, más culpables son los cadáveres y más sublime el agresor; cuantos más niños y mujeres y ancianos sucumben a esta luz maravillosa más maravillosa es la luz y más merecido el castigo. “Desproporcionado” -fuera de toda proporción- sólo lo es Yahvé y esto es lo que quieren decir los medios de comunicación y los gobiernos cuando califican así -respetuosa y admirativamente- el uso de la fuerza por parte de Israel: quieren decir que es “divino”, sobrenatural, sobrehumano, quieren decir que está justificado, que no podemos juzgarlo y mucho menos condenarlo sin cometer un sacrilegio. Los medios (de destrucción) justifican todos los fines. La “desproporción” tecnológica declara su derecho al margen de las leyes humanas y necesita muy poca propaganda para imponerse: basta con que sea capaz de imitar a Dios y “arrasar las ciudades con todos sus habitantes” en medio de un torrente de luz. Hasta los ateos más encallecidos pasaremos por alto los muertos a condición de que sean muchos y de que se usen para matarlos bombas de racimo y fósforo blanco; es decir, a condición de que el asesino sea omnipotente y su potencia de orden religioso y sobrenatural. Israel es un Estado teocrático por su forma de vivir y por su forma de matar. El resto del mundo le admira precisamente por eso. Y cuando volvemos la mirada hacia el espectáculo, como la mujer de Lot, nos convertimos en mudas columnas de sal.

El aire es puro; el cielo es inimputable. El piloto israelí del F-16 no llega a despeinarse; elegante, sofisticado, puntilloso en el cumplimiento de su misión, desinfectado de todos los bajos instintos que podrían empañar su mirada, brillante, irónico, serio, justo, imita a Dios y a El Bosco y vuelve luego a tiempo a Tel Aviv para probar la comida de un nuevo restaurante indonesio y discutir con su novia los detalles del nuevo mobiliario adquirido en Ikea.

¿Y abajo? ¿Qué ocurre entre tanto abajo? ¿Cómo es la gente de abajo?palestinos

Aquí los vemos. Son terrestres, primitivos, emocionales, gritones, amenazadores, oscuros, pastosos, supersticiosos, gregarios, andrajosos, feos, pedestres, horizontales, vulnerables, prescindibles: humanos. El artículo de El Mundo que ilustraba esta fotografía añadía que son también “exhibicionistas”: al contrario que los dueños del aire, que preferimos enterrar a nuestros muertos en la intimidad, a los palestinos de Gaza les divierte mostrar los cadáveres de sus niños y proclamar obscenamente su dolor. Al fino antropólogo del periódico español se le olvidaba citar otras diferencias igualmente definitivas: mientras que a los dueños del aire nos gusta morir de viejos en un hospital o en la intimidad de nuestras casas, a los palestinos de Gaza les encanta morir en la calle, en público, reventados sin ningún pudor por una bomba bíblica lanzada desde el cielo; y mientras que a los dueños del aire nos gusta matar sin despeinarnos ni alterarnos -para volver a tiempo de cenar en Tel-Aviv sin tener que pasar antes por la peluquería- a los palestinos de Gaza les gusta matar matándose -pues la rabia y el odio no les permitiría hacerlo de otra forma. Si la “desproporción” israelí se justifica a sí misma, las proporciones humanas de los palestinos se eliminan también a sí mismas. Basta la fotografía del bombardeo israelí para convencernos de la justicia sionista; y basta la fotografía del entierro palestino para convencernos de la culpabilidad palestina.

La diferencia entre israelíes y palestinos se resume en estas dos imágenes, en este contraste que los medios de comunicación, interesadamente o no, alimentan sin descanso: la superioridad estética y teológica de los unos, basada exclusivamente en su armamento, y la inferioridad “natural” de los otros, reducidos de antemano -desde siempre- a pura yesca del fuego de Yahvé, a mero combustible de la Luz Divina. Ningún razonamiento, ninguna súplica, podrán anular esta diferencia; tampoco ningún cohete Qassam. Sólo hay dos maneras de corregir este contraste asentado ya en nuestras retinas y sintetizado mansamente en nuestras miradas: o armamos a los palestinos con misiles, bombas de racimo y fósforo blanco o desarmamos a los israelíes y disolvemos el Estado de Israel. Mientras no ocurra una de estas cosas, de nada sirve que la justicia humana esté de parte de los palestinos en un mundo que babea fascinado -los EEUU, la UE, los gobiernos árabes, la ONU, los medios de comunicación- ante los cuadros de El Bosco que pinta la aviación israelí y la bíblica belleza justiciera que los acompaña. Mientras la justicia humana no nos parezca más justa y más bella que un bombardeo israelí, los palestinos -hagan lo que hagan- sólo conseguirán ensanchar la diferencia y dar pretextos a Yahvé para que los mate desde su remota elegancia imperturbable. No les deis pretextos, no, por favor: no lancéis cohetes, no disparéis fusiles, no saquéis los cuchillos, no defendáis vuestras casas, no protejáis vuestros niños, no gritéis, no lloréis, no comáis, no respiréis. Pero si no hay justicia humana y los palestinos son culpables ante Dios de respirar (¡cuánto más de sangrar!), si hagan lo que hagan han sido ya condenados para siempre, sería vergonzoso condenarlos también -hagan lo que hagan- desde nuestras confortables avionetas morales. Hay ocasiones en que más inmoral que asesinar es precisamente moralizar.

Pero ahora la diferencia se ha reducido un poco. A cubierto de los F-16 en mi casa bien caldeada, estremecido y avergonzado, siento la satisfacción de que los israelíes hayan renunciado a su impunidad divina y hayan entrado en Gaza también por tierra. Todavía inconmesurablemente superiores, se mueven en todo caso a ras de suelo y se vuelven por ello un poco palestinos, un poco humanos, un poco vulnerables; quizás esté incluso justificado matarlos. Quizás incluso mueran unos pocos. Quizás -ojalá-, en vez de miedo o admiración, algunos lleguen a inspirarnos también piedad.

Lo “desproporcionado” se llama Dios; lo “proporcionado” se llama justicia humana. Lo “proporcionado divino” es la belleza; lo “desproporcionado humano” es la compasión. Tal vez en los próximos días veamos por fin la imagen de un tanque israelí destruido por los heroicos defensores de Gaza y nos dejemos llevar luego, tras la alegría, por la desproporción de la compasión -inesperada, incomprensible, irracional- frente al cuerpo de un soldado israelí prisionero o muerto. En ausencia de proporciones, en ausencia de justicia, asesinos ahora expuestos al débil, feo y valiente fuego defensivo, quizás los sionistas, muertos, prisioneros o heridos, posados dolorosamente en tierra, nos parezcan por fin -por primera vez- humanos.
(Santiago Alba Rico, Rebelión)

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08/10/2008 GMT 1

41 años de la muerte física del Che

miradas @ 22:05

Ya se cumplen 41 años de la muerte física del Che en Bolivia. Y su figura se multiplica cada año Foto del Chepor un número infinito que lo ha hecho pasar a la eternidad como el ejemplo del hombre que no puede ser superado.

 Pero no voy a detenerme en ello. Solo quiero comentar la noticia que corrió por el mundo a punto de cumplirse el 40 aniversario de este hecho: Mario Terán, el hombre a quien se encargó disparar contra el Che, había sido intervenido quirúrgicamente de cataratas por médicos cubanos que colaboran con la nación andina, en un hospital donado por esta Isla caribeña.

 El periódico Granma daba cuenta del acontecimiento con el título Che vuelve a ganar otro combate. El hijo de Terán, expresaba el articulista, había acudido al periódico santacruceño El Deber con la solicitud de que se le publicara una nota de agradecimiento a los galenos cubanos, que habían devuelto la visión a su padre.

Entonces me preguntaba si el asesino del Che podría entender que estaba recibiendo los frutos que este sembró, si a esas alturas podría medir la dimensión exacta del hombre a quien disparó. Si así fuera, bien amarga debió ser su existencia a partir de su disparo fatal.

Cuentan que en la escuelita de La Higuera aún se conserva la silla en la que estaría sentado el Guerrillero Heroico cuando este sargento boliviano entró a matarlo. No pudo hacerlo en el primer intento; la mirada de aquel hombre herido y atado fue demasiado para él. El sargento Terán halló mucho brillo en los ojos del Che, lo vio grande, como si se abalanzara sobre él.  En tanto, otros dos sargentos disparaban entonces contra los guerrilleros Willy (boliviano) y El Chino (peruano).

 Mario Terán necesitó de más bebida y promesas para cumplir la orden.  Aún así sus manos temblaron. Sus jefes tuvieron que conminarlo a que lo hiciera. Luego, estos lo remataron.

 Lo que aconteció después ha sido suficientemente divulgado. (Oslaida Monteagudo)

20/09/2008 GMT 1

¿Cómo se enfrenta un huracán en Cuba?

miradas @ 03:47

Ni siquiera nuestros más enconados detractores en el exterior pueden obviar que la GustavDefensa Civil cubana constituye la salvaguarda de todos los habitantes de la Isla, concebida esta como un eficaz sistema de medidas de protección con un carácter estatal, pero que involucra a la población.

Este está organizado en todo el territorio del país y tiene sus direcciones en todos los niveles.

Son muchos los cubanos que son movilizados para las labores de evacuación y protección de los recursos económicos del país             .Rubiera

Desde que se detecta un fenómeno de este tipo —no importan su categoría ni cuán lejos esté— comienzan a difundirse periódicamente las notas de aviso. Cada cubano puede decir con exactitud por dónde anda, si se trata de una tormenta tropical o de un huracán y su categoría. En función de ello están todos los medios de difusión. Según su proximidad a cada provincia estas son declaradas en fase informativa, de alerta o de alarma ciclónica.

Spots televisivos y radiales aconsejan qué hacer en estas situaciones.

Tanto se educa a la población en este sentido, tantas son las advertencias por todas las vías posibles que, de la misma manera que cada cubano tiene un poco de director de equipo de béisbol, también cada uno de nosotros es, en cierta medida, un meteorólogo.

Mas en todo esto hay un gran protagonista, alguien que entra a cada hogar cubano varias veces al día, un hombre "cazador" de ciclones, más popular en Cuba que el mejor pagado de los actores hollywoodenses: el doctor José Rubiera, jefe del Departamento de Pronósticos del Instituto de Meteorología. Se trata de un prestigioso científico cubano a quien en tiempos de tormentas y ciclones se le ve ojeroso y más delgado. Apenas duerme, tal es su responsabilidad. Se le menciona en Cuba de una manera familiar: Rubiera dijo esto o lo otro, porque él es el vecino cercano, el pariente de todos, el amigo que conocemos de bien cerca.

Me pregunto si esto sucede así en otro país.

Aunque es justo decir que el rostro que vemos es el de él, pero detrás suyo hay un fuerte equipo de científicos diseminados en distintas estaciones del país dedicados a vigilar estos fenómenos.

Casa por casa se sabe a quiénes se debe evacuar, ya tenemos experiencia en ello. Se conoce también quiénes están dispuestos a alojar a otros en sus moradas.

La Defensa Civil llega a todas partes. Incluso, los miembros de las Fuerzas Armadas intervienen en labores de salvamento y evacuación.

La gente conoce a qué hora se le retirará el fluido eléctrico, ello es necesario y evita muertes por cables caídos, se sabe exactamente por dónde va, a qué hora estará pasando por cada lugar, cuándo será suspendida la circulación de las personas según el lugar de residencia…

Un propósito mueve a todos: evitar la pérdida de vidas humanas.

Resulta bien difícil imaginar cómo un huracán con categoría cuatro, el Gustav, que prácticamente arrasó con Pinar del Río y la Isla de la Juventud, no haya ocasionado ninguna muerte, y mucho menos que otro fenómeno, el Ike, que afectó a toda Cuba desde la Punta de Maisí hasta el Cabo San Antonio, solo originara siete fallecidos.

Cuando se piensa en ello hay que hacerlo tomando en consideración que somos un pequeño país sin grandes recursos naturales, que sufre un férreo bloqueo desde hace casi cincuenta años, por lo que no se ha podido dar solución total a los grandes problemas de la vivienda, ni asegurar la reparación de todas las que se hubiera querido.

Hay que imaginar en cuántos gastos incurre el Estado cubano para poder evacuar a miles y miles de personas, a las que se les garantiza alimentación adecuada, albergue con condiciones para el descanso, empleo de transporte con el consiguiente gasto de combustible.

Ello no sería posible si el Estado cubano no situara por encima de todo la vida del ser humano.  (Oslaida Monteagudo)

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21/07/2008 GMT 1

Eufemismo

miradas @ 19:30

 

 Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), eufemismo es   manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante. Y un Manual de Gramática amplía:
Suelen referirse a realidades sexuales, fisiológicas o realidades tristes, que por delicadeza se evitan pronunciar. Estas realidades se suelen denominar tabú o tabúes.
Según Manuel Seco, los eufemismos suelen ser nombres con semejanza con lo designado o nombres cuyo sentido propio es más vago que el sentido de la realidad a la que designan. Todo esto se hace por intentar conseguir un «lenguaje políticamente correcto». Hasta aquí lo expresado en el Manual.Tortura en Abu Ghraib¿Ejemplos?Ahora que en altas esferas gubernamentales de los EE.UU. se discute si la tortura es tortura, o mejor, si puede ser considerada un recurso legítimo para la obtención de información, en esos salones no se mencionan jamás las palabras tortura, tormento, martirio, suplicio; se habla de técnicas de interrogatorio y, cuando más, técnicas severas de interrogatorio. De la misma manera, los miles de niños, ancianos, mujeres y otros muertos bajo el efecto de sus bombardeos en Irak y Afganistán, hoy, y en Yugoslavia, ayer, no son  civiles inocentes, ni eso constituye un acto de genocidio, son “daños colaterales”.

¡Maravillas de la lengua!

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