La opinión gráfica de Juventud Rebelde

Por Narciso Fernández Ramírez (Periódico Vanguardia) Uno de los sucesos de la historia de Cuba más llevado y traído por su trascendencia y significación, guarda relación con la muerte de José Martí, ocurrida el 19 de mayo de 1895,y que todavía, a la distancia de 114 años, suscita opiniones encontradas y despierta interés investigativo y periodístico. ¿Premonición? ¿Suicidio romántico? ¿Arresto temerario? ¿Inexperiencia guerrera? ¿De cara al sol? ¿Descuido del general Gómez? ¿Solo o acompañado? ¿Existieron pruebas médico forenses que confirmaron su identidad y causas de la muerte? ¿Por cuántos avatares pasaron sus despojos mortales? No resulta posible despejar todas estas interrogantes en tan breve espacio. Buscaremos solo un acercamiento a algunas, para concentrarnos en un interesante estudio realizado por estudiantes de la Universidad Médica villacareña Dr. Serafín Ruiz de Zárate Ruiz, en el cual profundizaron en las consideraciones médico-legales de la muerte del Héroe Nacional cubano. ¿Premonición? Sí, aunque sabía que la muerte no era verdad cuando se había cumplido bien la obra de la vida. ¿Arresto e inexperiencia guerrera? También, pues resultaría, a la postre, el primer y único combate del Mayor General del Ejército Libertador José Martí Pérez. ¿De cara al sol? Afirmativo, a pesar de que, coincidentemente, ese infausto día había llovido mucho y el sol no brillaba como de costumbre. No obstante, nadie pone en duda que el poeta y el guerrero cumplió su sueño: "Yo soy bueno y como moriré de cara al sol".
Jaime Sánchez, que ayudó a construir el féretro ¿Descuido de Máximo Gómez? No, a pesar de la sorpresa. El veterano general mambí le pidió a Martí "retirarse hacia atrás que aquel no era su puesto", orden a la que el Apóstol, necesitado de probar su valía en el combate, hizo caso omiso y, montado en Baconao, el brioso caballo blanco, obsequio de José Maceo, se lanzó impetuoso en busca del enemigo hasta caer abatido a balazos. ¿Solo o acompañado? Su ayudante, el joven Ramón Garriga, fue relevado de esas responsabilidades para servir como enlace directo entre los generales Gómez y Masó, por lo que Martí, ya en medio del combate, conminó a Ángel de la Guardia para que le siguiera. Cotejos de varias versiones hacen suponer, no obstante, que por las características del terreno, con pastizales altos, De la Guardia no estuvo a su lado en los instantes en que recibiera los disparos mortales que pusieron fin a su vida. ¿Existieron pruebas médico-forenses que confirmaron su muerte? Sí, y aquí desempeña un papel significativo la investigación de los estudiantes de 5to. año de Medicina, Anielkis Morales Romero, Rubén Sebastián Tiozzo y Yanet Gómez Pérez, titulada: Consideraciones médico legales de la muerte de José Martí. De acuerdocon las indagaciones de estos futuros médicos, los españoles conocieron de antemano la presencia de Martí entre los mambises, pues horas antes habían hecho prisionero al cubano Chacón, quien era portador de una nota de puño y letra del Apóstol con el encargo de comprar mercancías en la tienda de Ventas de Casanova. Ocurrida la tragedia, el traidor Antonio Oliva, práctico de los españoles y primero en llegar a su cadáver, lo reconoció. Luego, la documentación que Martí llevaba consigo y sus prendas y objetos personales acabaron por confirmar su identidad. La primera prueba forense al cadáver, según estos investigadores, la hizo el Dr. Pedro A. Valencia el día 23 de mayo de 1895, en la ciudad de Santiago de Cuba: "En presencia de dichos datos se procedió a las 5:30 p.m. del 23 del propio mes y año, al reconocimiento del cadáver, después de exhumado y a pesar de encontrarse bien avanzado el proceso de putrefacción se observó en el lo siguiente: Tenía una herida de bala penetrante en el pecho, a nivel del puño del esternón, el cual había sido fracturado, presentando un orificio de salida en la parte posterior del tórax, en el cuarto espacio intercostal derecho como a diez centímetros de la columna vertebral. Tenía otra herida de bala en el cuello cuyo orificio de entrada estaba debajo de la barbilla como a unos quince centímetros de la misma y cuatro de la rama del maxilar inferior y cuyo orificio de salida era por encima del labio superior, lado derecho el cual estaba destrozado. Otra herida igualmente de bala, en el tercio inferior del muslo derecho y hacia su parte interna. Además presentaba algunas contusiones en el resto del cuerpo." Doce años después, el 24 de febrero de 1907, el cadáver de Martí fue nuevamente exhumado: "El Dr. Mascaró tomó el cráneo en sus manos y mostrando a los presentes los restos mortales de Martí, afirmó que de acuerdo con los testimonios de los peritos se encontraban completos ... Dicho cráneo pesó 773 gramos. Se pudo apreciar la existencia de una lesión producida por un proyectil de arma de fuego que produjo la fractura de la tibia y el peroné derechos en su tercio superior." La propia investigación de los estudiantes de Medicina villaclareños refiere que: "Durante la segunda exhumación, los doctores Echevarría y Fernández señalaron la destrucción del maxilar superior izquierdo por el proceso de putrefacción. También se precisó que el maxilar derecho se encontraba intacto y el izquierdo destruido, con desprendimiento de piezas dentarias como la número 23 (canino superior izquierdo). El cual fue buscado y localizado por el Dr. Juan Motero Zambrano, y reclamado por el hijo del Maestro, José Martí Zayas-Bazán, y entregado mediante un acto notarial al entonces gobernador de la provincia. Actualmente, se muestra en el museo Emilio Bacardí, de Santiago de Cuba." Con posterioridad, los restos mortales de José Martí sufrieron otros traslados. El quinto y definitivo ocurrió el 29 de junio de 1951, y a él asistieron los sobrinos suyos Hortensia, Alia y Aquiles García Martí, hijos de su hermana Amelia. Un santaclareño, nacido en 1898, Rafael Lubián y Arias, quien en 1922 recorrió la ruta del Maestro desde Playitas hasta Dos Ríos, dejó para la posteridad la foto que muestra el sitio exacto del primer enterramiento de Martí, ocurrido a las 3:00 de la tarde del 20 de mayo de 1895, en una fosa común del cementerio de Remanganaguas; sin féretro alguno y junto a un sargento del ejército español caído en la misma acción. 
en que fueron conducidos sus restos a
Santiago de Cuba, señala el lugar.
Con tantos palos que te dio la vida
y aún sigues dándole a la vida sueños
Fayad Jamís

Quiero imaginar que desde algún ignoto paraje puedes enterarte de este pequeño homenaje que desde hace años te debo.
Quiero hacerlo pidiendo prestadas sus palabras al poeta Fayad Jamís.
Sí, porque fuiste una loca que jamás se cansó de abrir ventanas y sembrar luceros.
Con tantos palos que te dio la noche,
tanta crueldad, frío y tanto miedo.
Catorce años hace que te marchaste, y todavía y para siempre cada minuto mío te pertenece. Todavía y para siempre eres una loca de mirada triste que solo sabe amar con todo el pecho, fabricar papalotes y poemas y otras patrañas que se lleva el viento.
Todavía y para siempre sigues siendo una pobre loca de esperanzas que siente cómo nace un mundo nuevo.
Con tantos palos que te dio la vida, y nunca te cansaste de decir “te quiero”.
Para que ello fuera así se necesitaba de mucha riqueza espiritual, y a ti te sobraba.
Sí, porque siempre que tu existencia lo requirió, acudiste a la fantasía para adornar tus días tristes.
Es verdad que la vida fue cruel contigo, pero es verdad también que tú sabías, como nadie, capear los temporales.
¡Qué tiempos tan duros te tocó vivir!
La miseria, el desamparo y las enfermedades se empeñaron en desprender pedazo a pedazo cada parte de tu alma.
Te quitaron a tus padres primero, a tu primer hijo de un año cuando solo tenías ese, a tu esposo (mi padre) un día después de que tu hija menor llegara al mundo y, por último, perdiste a esa hija menor, que era la quinta de tu prole, cuando solo hacía diecinueve años que la habías traído a la existencia, y aún así no perdiste la sonrisa.
Tú me enseñaste (y yo trato de imitarte) a convertir en una fiesta del espíritu una puesta de sol, un amanecer, una flor, la mata que la engendró, un perrito, el verde cubano… “esas pequeñas cosas” a las que canta Joan Manuel Serrat.
A ese cantautor pido permiso ahora para homenajearte, porque no es cierto que a “esas pequeñas cosas” las haya matado el tiempo y la ausencia; son, en definitiva…
Aquellas pequeñas cosas
Uno se cree Son aquellas pequeñas cosas, Como un ladrón que el viento arrastra allá o aquí,
que las mató
el tiempo y la ausencia.
Pero su tren
vendió boleto
de ida y vuelta.
que nos dejó un tiempo de rosas
en un rincón,
en un papel
o en un cajón.
te acechan detrás
de la puerta.
Te tienen tan
a su merced
como hojas muertas
que te sonríen tristes y
nos hacen que
lloremos cuando
nadie nos ve.
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