José Martí frente al intervencionismo yanqui en Haití
Martí recorre toda la América Nuestra con su dedo acusador, nos vigila, nos advierte del peligro, nos señala la ruta; mas hoy, 28 de Enero, vuelve su mirada hacia Haití con dolor, e indignado ante el oportunismo del vecino poderoso. Veamos qué dijo antes al respecto.
(Tomado de Blog en Monografías.com)
(Publicado el 19 de Enero de 2010 por Ramón Guerra Díaz)

“Haití es producto neto del colonialismo y el imperialismo, de más de un siglo de empleo de sus recursos humanos en los trabajos más duros, de las intervenciones militares y la extracción de sus riquezas”[1] Los políticos de hoy, la gran prensa y los medios capitalistas de información hacen mucho énfasis en el olvido de la memoria histórica, ocultando los hechos bajo una abrumadora cantidad de palabras que hace difícil ver la verdad. Mirar al pasado para sacar lecciones del presente y el futuro es una necesidad de los pueblos y de los que quieren cambios reales para sus sociedades y no maquillajes de ocasión y engaño.
En 1889 José Martí presenta a los lectores del periódico La Nación, de Buenos Aires, sus criterios sobre la abierta intervención del gobierno de los Estados Unidos en los asuntos internos de la República de Haití, en el que la lucha por el poder daba oportunidad a dicho gobierno de obtener sus intereses a costa de la dignidad y la ética entre las naciones. Sus observaciones y opiniones tienen una actualidad muy grande dado el hecho de lo poco que ha cambiado esa política imperial de la nación norteña y las consecuencias que esta ha tenido para la República más empobrecida del continente americano.
“De Haití ha vuelto, cargado de historias de los curas papalois que beben sangre, y del frenesí de los bailadores de la bambula, el buque de guerra que fue a demandar satisfacción del Presidente nuevo Legitime, por haber puesto manos, con razón a lo que parece, sobre una barca yanqui, acusada de llevar armas a su contendiente del norte, Hypolite, candidato armado a la Presidencia que el Congreso, reunido en el sur, otorgó al vencedor Salomón, el mulato gigantesco, que regía como papá y como rey.”[2]
Note la manera de Martí de resaltar los prejuicios de la sociedad norteamericana contra la nación negra y su toma de posición al lado del gobierno legítimo de la nación caribeña.
Aquel conflicto interno se fue agravando y los políticos norteamericanos tomaron partido de acuerdo con sus intereses. Meses después vuelve a la carga y denuncia con claridad la injerencia de los Estados Unidos:
“ ¿Ni qué pudo explicar la súbita terneza y cuidado exquisito con que, por el pretexto falso de un tratado de curatela entre Francia y Haití, miró la Secretaría de Washington los asuntos haitianos, fomentó su querella doméstica, permitió el embarque continuo de armas para el rebelde Hypolite con quien estaba en tratos, llegó a nombrar una comisión de próceres para que interviniese en la guerra civil de un país libre, propaló a sabiendas la especie inexacta de que Francia tenía tratados secreto con Legitime, Presidente -reconocido, y perturbó a Santo Domingo, en venganza de la amistad de los quisqueyos y el gobierno haitiano, con la resurrección súbita de derecho de una empresa caduca a la bahía de Samaná?”[3]
Cualquier parecido con la actualidad en cuanto a la política de los yanquis, no es pura coincidencia, aplican las mismas fórmulas imperiales, como si el tiempo no pasara y el Caribe siguiera siendo su lago particular.

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La decreciente banda de verdaderos creyentes de Obama ha recuperado los ánimos porque su hombre ha terminado por cumplir una de sus muchas promesas —el cierre de la prisión de Guantánamo. Pero no está cerrando la prisión. La trasladará a Illinois, EE.UU., si los republicanos lo permiten.

Recibí este escrito de una amiga:
A propósito de la negativa de los países altamente industrializados a contraer compromisos serios en cuanto a la reducción de la emisión de gases contaminantes.




